Vivimos tiempos profundamente preocupantes. Cada día despertamos con noticias dolorosas: feminicidios, atracos, violencia doméstica y jóvenes perdiendo la vida por un celular, un vehículo o una simple discusión. La sociedad parece caminar aceleradamente hacia una deshumanización alarmante, donde el valor de la vida se ha debilitado y muchas personas actúan sin temor, sin conciencia y sin principios.
Como pastor y ciudadano dominicano, me preocupa profundamente lo que estamos viendo. No podemos seguir normalizando la violencia ni acostumbrándonos a convivir con el miedo. Algo está ocurriendo en el corazón del ser humano.
Estamos avanzando en tecnología, pero retrocediendo en valores. Tenemos más acceso a la información, pero menos formación moral; más comunicación, pero menos diálogo; más libertades, pero menos dominio propio.
Entiendo que este problema no se resuelve únicamente con leyes más fuertes o con mayor presencia policial en las calles, aunque ciertamente la justicia y el orden deben cumplir su papel. La situación también tiene raíces espirituales, familiares y sociales. Poco a poco hemos ido dejando de lado principios fundamentales que antes ayudaban a formar generaciones con respeto, disciplina y conciencia.
Por: obispo Gabriel Corniel