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El veterano Espaillat contra Ávila Chevalier

Por Opinión 6 min de lectura
El veterano Espaillat contra Ávila Chevalier

Al finalizar este mes de junio, el Partido Demócrata celebrará sus primarias para escoger al candidato que habrá de competir en las elecciones generales del primer martes de noviembre. Como suele ocurrir en política, los tambores de guerra ya resuenan, los estrategas afilan sus cuchillos y los aspirantes se presentan como si fueran la última esperanza de la humanidad.

En esta ocasión, el congresista Adriano Espaillat, representante del Distrito 13 de Nueva York y ocupante del cargo desde hace una década, enfrenta probablemente el desafío político más serio de su carrera. Su contrincante es Darializa Ávila Chevalier, hija de padres dominicanos, activista comunitaria, socialista declarada y miembro de la fe islámica. (Esto es lo más curioso.) ¿Una mujer dominicana musulmana? Bueno, mejor dejarlo ahí).

El perfil de Adriano Espaillat es ampliamente conocido por la comunidad dominicana. No me corresponde juzgar aquí la totalidad de su trayectoria política, pues nunca he residido dentro de los límites de su distrito electoral y, por tanto, jamás he depositado un voto a su favor ni en su contra.

Sin embargo, conozco a Adriano desde hace casi cuarenta años. Cuando trabajaba como maestro en la George Washington High School, era frecuente encontrarlo a la salida de la estación del metro de la calle 191 realizando labores organizativas para el Partido Demócrata. Eran tiempos en que la política todavía exigía caminar las calles, estrechar manos y soportar el frío neoyorquino sin el auxilio de las redes sociales ni de los ejércitos digitales de fanáticos profesionales.

Pero la política, como la naturaleza, aborrece el vacío.

Y cuando un político lleva mucho tiempo ocupando un espacio, siempre aparece alguien dispuesto a reclamarlo.

Surge entonces la pregunta: ¿de dónde ha salido esta nueva aspirante respaldada por el flamante alcalde Zohran Mamdani?

Según diversas informaciones publicadas por la prensa, Darializa Ávila Chevalier es una activista y organizadora comunitaria afrolatina de origen dominicano, nacida en Florida y criada entre República Dominicana, Venezuela y Estados Unidos. A sus 31 años se presenta como defensora de la vivienda asequible, los derechos laborales, la inmigración y diversas causas vinculadas a la justicia social.

Entre las actividades que exhibe como credenciales figuran campañas relacionadas con inmigrantes, protestas comunitarias y acciones dirigidas contra lo que considera manifestaciones históricas de discriminación racial. Actualmente trabaja en el ámbito de la asistencia legal comunitaria en Harlem.

Hasta ahí, nada extraordinario. La democracia se alimenta precisamente de ciudadanos que desean participar en la vida pública.

El problema comienza cuando las propuestas abandonan el terreno de lo posible para instalarse cómodamente en el reino de las utopías.

La candidatura de Ávila Chevalier ha sido respaldada por sectores de izquierda, organizaciones progresistas y grupos activistas que aspiran a transformar radicalmente las estructuras políticas y sociales existentes. Sus posiciones sobre diversos temas han generado controversias y han despertado inquietudes incluso dentro de sectores tradicionalmente afines al Partido Demócrata.

Y es aquí donde surge la interrogante fundamental: ¿está el Distrito 13 buscando un representante experimentado o un experimento político?

Porque una cosa es aspirar a reformar la sociedad y otra muy distinta es pretender reconstruirla desde cero, como si la historia fuera una pizarra que pudiera borrarse con una esponja ideológica.

La experiencia demuestra que los laboratorios políticos suelen producir resultados inesperados. Muchas veces los arquitectos del paraíso terminan diseñando un complicado sistema de frustraciones.

Adriano Espaillat podrá ser acusado por algunos de seguir disciplinadamente las directrices de la maquinaria demócrata.

Podrá ser criticado por decisiones políticas discutibles o por no satisfacer todas las expectativas de sus electores.

Pero también es cierto que posee una trayectoria conocida, relaciones construidas durante décadas y un peso político que nadie puede negar.

La señora Ávila Chevalier, por el contrario, parece representar una corriente ideológica más preocupada por las consignas que por las complejidades de la administración pública. A veces da la impresión de que algunos sectores políticos creen que gobernar consiste en redactar publicaciones para redes sociales y que la realidad terminará obedeciendo obedientemente a los eslóganes.

Lamentablemente, la realidad suele ser una criatura maleducada que rara vez escucha a los teóricos.

Conclusión

Los votantes del Distrito 13 tendrán la responsabilidad de decidir entre la continuidad representada por un político veterano y una propuesta de cambio impulsada por una nueva generación de activistas. Como ocurre en toda democracia, será el electorado quien tenga la última palabra.

Pero la experiencia aconseja prudencia. En política, los pueblos suelen enamorarse con facilidad de las novedades, especialmente cuando vienen envueltas en discursos grandilocuentes y promesas de redención instantánea. Lo difícil llega después, cuando los aplausos terminan y comienza el trabajo de gobernar.

Porque administrar una sociedad es mucho más complicado que denunciar sus defectos.

Epílogo

La historia política está llena de personajes que llegaron proclamándose salvadores universales.

Algunos prometieron cambiar el mundo; otros prometieron reinventarlo; unos cuantos incluso prometieron mejorarlo.

Lo curioso es que, una vez en el poder, muchos descubrieron una verdad devastadora: el mundo tenía la mala costumbre de no cooperar con sus planes.

Por eso observo esta contienda con interés y una saludable dosis de escepticismo. Después de todo, la política moderna se parece cada vez más a una feria donde los vendedores ofrecen remedios milagrosos para enfermedades que apenas comprenden.

Mientras tanto, el ciudadano común sigue pagando impuestos, trabajando largas jornadas y escuchando discursos que prometen un futuro luminoso que siempre parece llegar el año próximo.

Ya veremos en qué termina esta historia.

Porque en política, como en el béisbol, el juego no termina hasta que cae el último out. Y a veces, cuando finalmente termina, descubrimos que los fanáticos discutieron durante meses para cambiar un problema conocido por otro completamente nuevo.

Por: Ramon Emilio Espinola