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Primer ministro británico, Keir Starmer, anuncia dimisión tras meses de presión de su partido

Por Internacionales 5 min de lectura
Primer ministro británico, Keir Starmer, anuncia dimisión tras meses de presión de su partido

El laborista Keir Starmer ha anunciado este lunes su dimisión como primer ministro del Reino Unido, y la convocatoria de elecciones primarias para que el Partido Laborista busque un sucesor, apenas dos años después de que la formación lograra una victoria electoral aplastante y acabara con 14 años de gobiernos conservadores. Starmer cede así el testigo tras meses de presión incesante en el seno de su propio partido y en plena caída libre de popularidad.

El Reino Unido nombrará por tanto en las próximas semanas a su séptimo primer ministro en una década. El relevo se producirá justo cuando están a punto de cumplirse 10 años del referéndum del Brexit, que empujó al país a una inestabilidad de la que no logra salir.

El favorito de las bases del Partido Laborista es el ya exalcalde de Mánchester Andy Burnham. Todo hace pensar que será él quien ocupe la jefatura de Gobierno en sustitución de Starmer. Burnham logró imponerse el pasado jueves a la ultraderecha de Nigel Farage en las elecciones de la circunscripción de Makerfield, lo que le permitió lograr un escaño de diputado (dejó entonces automáticamente el cargo de alcalde). Eso le dotaba de los requisitos para activar un proceso de primarias en su partido.

En el caso de que hubiera más aspirantes que Burnham, el proceso se prolongaría durante el verano, y el Reino Unido dispondría de un nuevo primer ministro antes de la reapertura del Parlamento en septiembre. Pero si nadie decide enfrentarse al exalcalde de Mánchester, ante el abrumador peso de sus apoyos, todo podría acelerarse y que Burnham entrara en Downing Street a mediados de julio. El plazo de presentación de candidaturas es de una semana.

Una primera señal de que ese podría ser el desenlace ha sido el anuncio del exministro de Justicia Wes Streeting, poco después de que Starmer dimitiera, de que no se presentará a las primarias, a pesar de que era uno de los nombres más evidentes en la competición.

El propio Burnham ha escrito en X, después de agradecer a Starmer “su dedicación y liderazgo” durante estos años, que está dispuesto a dar un paso adelante para que haya un proceso de transición, aunque no menciona específicamente las primarias.

El primer ministro al que sus rivales acusaban de frío, falto de empatía y cerrado en sí mismo; el político al que un votante llegó a calificar de “robot” en un debate televisado, casi ha roto a llorar en su discurso de dimisión al mencionar a su esposa, Victoria, y a sus dos hijos.

Como en otras dimisiones de pasados primeros ministros ante las puertas de Downing Street, la solemnidad perseguida se ha visto alterada por las habituales protestas y manifestaciones políticas en la calle adyacente de Whitehall, ante la verja que separa ambas. Este lunes ha sonado a todo volumen, como fondo saboteador para el discurso de Starmer, el Himno a la Alegría, el himno oficial de la UE, en los altavoces de las personas convocadas.

El de Starmer ha sido un discurso delicadamente construido para recordar a los miembros del Partido Laborista, a los diputados y a los votantes los logros alcanzados durante dos años por un político al que ahora han descartado sin contemplaciones.

“Hace seis años heredé un Partido Laborista que estaba política, financiera y moralmente en bancarrota. Una y otra vez me dijeron que el partido estaba acabado, que había pasado al cajón de la historia, que era imposible lograr una mayoría parlamentaria”, ha recordado. “Demostramos a todos los que lo decían que estaban equivocados, cambiamos el partido, lo liberamos del veneno del antisemitismo [fue la principal acusación contra su predecesor, Jeremy Corbyn, que acabó siendo expulsado], recuperamos la confianza en la economía, la defensa y la seguridad nacional y volvimos a ser un partido que posaba orgulloso junto a la bandera nacional, y no la rechazaba”.

Pero todos los motivos y razones que para Starmer eran suficientes para sostener su proyecto de Gobierno no han convencido a una mayoría de diputados, frustrados ante la enorme impopularidad de su primer ministro y alertados ante lo que parecía el avance imparable de la ultraderecha de Reform UK, el partido de Nigel Farage.

Después de haber consultado a sus ministros, miembros del Partido Laborista y representantes sindicales, Starmer había llegado a la conclusión de que debía renunciar si quería evitar una rebelión que, antes o después, parecía encaminada a expulsarle del cargo, según adelantaron ya el domingo diversos medios británicos. El conjunto del Gobierno tenía planeado reunirse, como es habitual, el martes y todo apuntaba a una dimisión en cadena de ministros para forzar los acontecimientos si Starmer no renunciaba antes.

El hundimiento del Partido Laborista, en las elecciones municipales de Inglaterra y autonómicas de Escocia y Gales del pasado 7 de mayo, puso definitivamente contra las cuerdas al actual primer ministro. Desde entonces se ha enfrentado a una creciente rebelión interna que ha logrado capear durante semanas, hasta la elección de Burnham en Makerfield.

Starmer se ha comprometido a hacer todo lo que esté en sus manos “para asegurar un traspaso ordenado del poder”, y dará a su sucesor todo su apoyo “completo e inequívoco, con el conocimiento de que heredará un Reino Unido mucho más fuerte y justo” del que él heredó hace dos años.

Fuente: El País