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Cambiar la narrativa también es una responsabilidad cristiana

Por Opinión 2 min de lectura
Cambiar la narrativa también es una responsabilidad cristiana

El feminicidio ocurrido el 22 de mayo en Villa Altagracia no puede ser visto solamente como una tragedia más. Debe ser leído como una señal dolorosa de una sociedad que todavía necesita aprender a proteger mejor la vida, la dignidad y el futuro de sus niñas. Cada vez que una adolescente muere en medio de una relación marcada por desigualdad, vulnerabilidad y violencia, no solo falla una familia o una comunidad; fallamos como país.

Desde una cosmovisión cristiana, toda vida humana posee un valor sagrado porque ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. Por eso, la vida de una niña, adolescente o mujer nunca puede ser reducida a una nota roja, a un titular sensacionalista o a una historia contada desde la mirada del agresor. La víctima no es responsable de la violencia que sufrió. Su vida tenía dignidad, propósito y valor delante de Dios.

Uno de los aspectos más preocupantes de este caso es la forma en que muchas veces los medios de comunicación narran estas realidades. Cuando una adolescente está vinculada a un adulto, no podemos seguir hablando de “relación sentimental” o de “pareja” como si se tratara de una relación normal entre iguales. Ese lenguaje suaviza la gravedad del hecho y contribuye a normalizar una cultura que ha permitido que niñas y adolescentes sean vistas como mujeres adultas antes de tiempo.

Por: Josselin Rivera