Cada comunidad dominicana en el exterior tiene necesidades diferentes
La República Dominicana tiene una realidad que ya no puede ser ignorada: millones de dominicanos viven fuera de nuestras fronteras y forman parte activa de la vida económica, social y cultural del país.
Sin embargo, existe una pregunta que debemos plantearnos con seriedad:
¿Está diseñado nuestro sistema electoral para responder a la realidad actual de la diáspora dominicana?
La respuesta merece una amplia discusión nacional.
El dominicano que vive en el exterior tiene los mismos derechos políticos que establece la Constitución, pero vive una realidad completamente diferente a la del ciudadano que reside en la República Dominicana.
Por eso, el sistema electoral no puede permanecer estático mientras la sociedad cambia.
Cada comunidad tiene una realidad distinta
No podemos hablar del dominicano del exterior como si todos vivieran bajo las mismas condiciones.
La comunidad dominicana de Nueva York tiene características particulares.
La de Nueva Jersey tiene otras.
Florida presenta una realidad diferente.
Lo mismo ocurre con Massachusetts, Pennsylvania, Rhode Island, Puerto Rico, España y otros lugares donde se ha establecido nuestra diáspora.
Las necesidades, las prioridades, la concentración de votantes, las distancias y hasta la relación de las nuevas generaciones con la República Dominicana pueden ser diferentes.
Entonces, surge una pregunta legítima:
¿Por qué debemos aplicar exactamente la misma lógica electoral a comunidades que tienen realidades tan distintas?
La respuesta debería llevarnos a revisar el reglamento electoral aplicable al exterior y buscar mecanismos más modernos, flexibles y adaptados a las necesidades de cada comunidad.
La JCE tiene una gran responsabilidad
La Junta Central Electoral tiene ante sí un desafío que va mucho más allá de organizar las elecciones.
Debe convertirse también en una institución capaz de estudiar permanentemente el comportamiento y las necesidades del elector dominicano en el exterior.
¿Cuántos votantes participan?
¿Cuántos se abstienen?
¿Por qué se abstienen?
¿Dónde están concentrados?
¿Qué dificultades encuentran para votar?
¿Cuáles son las necesidades de los jóvenes?
¿Qué ocurre con los dominicanos que cambian de estado o país?
Estas preguntas requieren estudios permanentes.
La tecnología ofrece hoy herramientas que hace algunos años eran impensables. La JCE puede utilizar información y mecanismos de comunicación modernos para acercarse al ciudadano y facilitar su relación con el sistema electoral.
No se trata necesariamente de sustituir el voto presencial, sino de modernizar todo lo que rodea el proceso electoral.
Estados Unidos: otra realidad política
Aquí debemos hacer una distinción fundamental.
El dominicano que vive en Estados Unidos no solamente participa —cuando corresponde— en las elecciones de la República Dominicana.
También vive una democracia local.
Y esa democracia tiene consecuencias directas sobre su vida cotidiana.
En Estados Unidos se eligen alcaldes, concejales, legisladores estatales y otros funcionarios locales, dependiendo de la jurisdicción.
Estos funcionarios toman decisiones relacionadas con las escuelas, seguridad pública, transporte, impuestos, vivienda, servicios municipales y desarrollo de las comunidades.
Por eso, las elecciones locales de Estados Unidos son otra historia.
Un dominicano puede estar profundamente interesado en quién será el próximo presidente de la República Dominicana y, al mismo tiempo, necesitar saber quién será el alcalde de su ciudad o quién representará su distrito en la legislatura estatal.
Las dos participaciones políticas son importantes.
Del voto dominicano al liderazgo local
La comunidad dominicana debe comprender que su poder político no termina cuando deposita una boleta en las elecciones dominicanas.
También existe un enorme potencial de participación en las comunidades donde reside.
Los dominicanos deben registrarse, votar, organizarse y participar en los procesos políticos locales de Estados Unidos.
Pero también deben aspirar a ocupar posiciones de liderazgo.
¿Por qué no tener más dominicanos como concejales, legisladores estatales, alcaldes, funcionarios municipales y líderes comunitarios?
La representación política no se consigue únicamente reclamándola.
También se construye participando.
Y aquí los jóvenes tienen un papel fundamental.
Una nueva generación necesita nuevas herramientas
Las nuevas generaciones dominicanas tienen una identidad más compleja.
Son dominicanos y, al mismo tiempo, forman parte de la sociedad donde nacieron o crecieron.
Hablan varios idiomas, estudian en universidades estadounidenses, trabajan en empresas y organizaciones de este país y participan en sus comunidades.
Por eso debemos desarrollar una nueva cultura de participación política.
No podemos pedirles solamente que voten en las elecciones dominicanas.
Tenemos que enseñarles que pueden ser protagonistas en ambos escenarios.
Dominicanos activos en la República Dominicana y ciudadanos activos en las comunidades donde viven.
Ese debe ser uno de nuestros grandes objetivos.
¿Debe cambiar el reglamento electoral?
La pregunta ya no debería ser si debemos discutirlo.
Debemos discutirlo.
Toda legislación y todo reglamento tienen que responder a la realidad para la cual fueron creados.
La diáspora dominicana de hoy no es la misma de hace 20 o 30 años.
Tenemos una comunidad más grande, más profesional, más conectada tecnológicamente y con mayor presencia política.
Por eso, sería conveniente abrir un proceso amplio de consulta y revisión.
La JCE, los partidos políticos, legisladores, organizaciones cívicas, universidades, expertos electorales y representantes de la diáspora deberían sentarse en una misma mesa.
No para favorecer a un partido.
No para favorecer a un candidato.
Sino para fortalecer el derecho político de los dominicanos del exterior.
Algunas preguntas que debemos discutir
Una eventual modernización del sistema electoral para el exterior debería analizar, entre otros temas:
Accesibilidad: ¿Están los centros de votación ubicados de manera que permitan una participación más amplia?
Información: ¿Recibe el elector suficiente información sobre cómo, cuándo y dónde votar?
Tecnología: ¿Cómo puede utilizarse la tecnología para facilitar la información y los procesos electorales, manteniendo la seguridad y confiabilidad?
Juventud: ¿Qué estrategias específicas pueden incorporar a los votantes jóvenes?
Movilidad: ¿Cómo responder a los ciudadanos que cambian de estado o país?
Representación: ¿La actual estructura de representación responde adecuadamente a las necesidades de las comunidades?
Participación: ¿Qué podemos hacer para que el elector no aparezca solamente durante una campaña electoral, sino que permanezca vinculado al proceso democrático?
Estas preguntas no deben producir miedo.
Deben producir debate.
Los partidos también tienen que cambiar
La modernización electoral no puede ser responsabilidad exclusiva de la JCE.
Los partidos políticos tienen que asumir su propia transformación.
La diáspora no puede ser vista como una simple maquinaria electoral.
No puede ser solamente una fuente de votos, recursos o actividades políticas.
Debe ser reconocida como una parte integral de la sociedad dominicana.
Los partidos necesitan crear estructuras comunitarias permanentes, formar nuevos liderazgos y escuchar las necesidades reales de los dominicanos que viven fuera.
Especialmente a los jóvenes.
Porque si los partidos tradicionales no crean espacios para ellos, otros movimientos y nuevos liderazgos terminarán ocupando esos espacios.
Una reforma para fortalecer, no para debilitar
Hablar de cambios electorales no significa debilitar el sistema.
Todo lo contrario.
Una reforma bien pensada puede fortalecer la democracia dominicana.
El objetivo debe ser garantizar que el dominicano que vive fuera pueda ejercer su derecho con mayor facilidad, información y confianza.
La diáspora merece un sistema electoral que reconozca su diversidad.
No todos los dominicanos viven la misma realidad.
No todos tienen las mismas necesidades.
No todos enfrentan las mismas dificultades para votar.
Por eso, las políticas electorales tampoco deberían ser diseñadas bajo una visión uniforme.
El futuro está en la participación
El futuro político de la diáspora dominicana dependerá de nuestra capacidad para organizarnos.
Tenemos que pasar de ser una comunidad que solamente participa durante las campañas a convertirnos en una comunidad políticamente activa durante todo el año.
Debemos votar en las elecciones dominicanas.
Pero también debemos participar en las elecciones locales de Estados Unidos.
Debemos exigir representación.
Pero también debemos prepararnos para ocupar posiciones de liderazgo.
Debemos reclamar cambios al sistema electoral.
Pero también debemos asumir nuestra responsabilidad ciudadana.
La República Dominicana necesita mirar a su diáspora no solamente como una fuente de remesas, sino como una fuerza política, económica, cultural y social.
Y esa fuerza merece instituciones capaces de responder a su realidad.
El momento de revisar el sistema electoral es ahora.
No para quitar derechos.
No para limitar la participación.
Sino para hacer exactamente lo contrario:
para conseguir que más dominicanos participen, que más jóvenes se involucren y que ningún dominicano del exterior sienta que su voto dejó de tener importancia.
Porque una democracia que quiere fortalecerse debe tener la capacidad de escuchar a sus ciudadanos.
Y la voz de la diáspora dominicana merece ser escuchada.
Por: Rafael Osoria