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Carolina Mejía y David Collado: ¿quién tiene madera presidencial?

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Carolina Mejía y David Collado: ¿quién tiene madera presidencial?

En la política dominicana los apellidos pesan. No podemos negarlo. Crecer en una familia vinculada al poder político representa una ventaja que no todos tienen. Se conocen personas, se conocen estructuras y, sobre todo, se conoce la política desde adentro.

Pero un apellido puede abrir una puerta; no necesariamente garantiza que quien entre por ella tenga la capacidad para gobernar.

Por eso resulta interesante mirar hacia dos figuras que, por distintas razones, podrían tener un papel importante en el futuro político dominicano: Carolina Mejía y David Collado.

Carolina Mejía tiene una ventaja evidente: es hija de un expresidente de la República. Hipólito Mejía tuvo un gobierno difícil, marcado por la crisis bancaria y económica de 2003, acontecimientos que todavía forman parte de la memoria política del país.

Pero Carolina no es Hipólito.

Y creo que sería un error juzgarla únicamente por el gobierno de su padre. Ella ha construido su propia carrera y ha desarrollado un estilo político diferente: más juvenil, más cercano y, sobre todo, con una característica que en política vale muchísimo: carisma.

Carolina conecta con la gente.

Tiene una forma de comunicarse que transmite cercanía y que puede resultar atractiva para un electorado que muchas veces busca algo más que un buen administrador: busca alguien con quien pueda identificarse.

Sin embargo, ser carismático no es suficiente para ser presidente.

La Presidencia exige administración, carácter, visión económica, capacidad para enfrentar crisis y tomar decisiones difíciles. Y ahí David Collado tiene argumentos importantes.

David ha construido su carrera prácticamente desde cero, sin el peso de ser hijo de un expresidente. Fue alcalde del Distrito Nacional y posteriormente ministro de Turismo, donde ha logrado proyectar una imagen de gestor y mantener una relación cercana con el sector empresarial y turístico.

Su principal fortaleza es precisamente esa: la gestión.

David ha demostrado que sabe administrar y vender una imagen de resultados. Y eso, para alguien que aspire a la Presidencia, tiene un valor enorme.

Pero tampoco creo que David tenga todo resuelto.

Porque una cosa es administrar y otra es hacer política.

Y ahí Carolina puede tener ventaja.

Carolina tiene estructura, relaciones políticas, experiencia partidaria y una familia que lleva décadas participando activamente en la vida política dominicana. Además, tiene una personalidad que puede generar una conexión emocional que no necesariamente se consigue con una buena gestión administrativa.

David, en cambio, representa un perfil más empresarial y gerencial.

Por eso, cuando comparo a ambos, no veo necesariamente a uno superior al otro. Veo dos estilos diferentes de liderazgo.

Carolina tiene el carisma, la estructura política y la conexión con la gente.

David tiene la gestión, la experiencia empresarial y la proyección internacional.

Y quizás ahí está la verdadera pregunta: ¿qué necesita hoy la República Dominicana?

Necesita un presidente que sepa conectar con la población, pero también que sepa administrar. Que pueda hablar con el ciudadano común y al mismo tiempo sentarse con empresarios e inversionistas. Que tenga sensibilidad social, pero también carácter para tomar decisiones difíciles.

En otras palabras, necesita las dos cosas.

Por eso considero que sería un error descartar a cualquiera de los dos.

Carolina tiene que demostrar que puede trascender el apellido Mejía y convertirse definitivamente en una figura presidencial por méritos propios.

David tiene que demostrar que puede pasar de ser un buen gestor a convertirse en un verdadero líder nacional.

Porque gobernar la República Dominicana no es lo mismo que gobernar una alcaldía. Tampoco es lo mismo que dirigir un ministerio.

La Presidencia es otra dimensión.

Si algún día Carolina Mejía y David Collado se enfrentan por la candidatura presidencial del PRM, creo que estaríamos ante una de las competencias políticas más interesantes de su generación.

No solamente porque serían dos nombres conocidos, sino porque representarían dos maneras distintas de llegar al poder.

Carolina tiene algo que David necesita: una conexión política y emocional muy fuerte.

David tiene algo que Carolina necesita demostrar: una imagen nacional construida sobre gestión y resultados.

Al final, no será el apellido ni la simpatía lo que determine quién está preparado para gobernar.

Será la capacidad de convencer al país de que, detrás del político, existe un verdadero estadista.

Por: Luis Alberto Garcia