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La generación del ruido

Por Opinión 7 min de lectura
La generación del ruido

Estamos viviendo los últimos tiempos de una generación que yo llamo la generación del ruido.

No quiero llamarlo simplemente un fenómeno de comunicación. Para mí, es un fenómeno social. Una sociedad donde muchas veces el ruido hace más que el silencio; donde la forma de expresarte, la forma de hablar y hasta la forma de actuar dicen más de ti que aquello que tú quieres aparentar ser.

Es una generación a la que muchas veces hay que hablarle con tres o cuatro palabras para que entienda. Si hablas demasiado, quizás ya perdiste su atención. Es una generación que consume rápido, que reacciona rápido y que, sobre todo, quiere respuestas rápidas.

Y eso también ha cambiado la política.

La doble moral de los partidos políticos no se va a ir tan fácilmente. Siempre ha existido. Hay personas que defienden un partido por convicción, pero también hay quienes lo defienden por lo que pueden conseguir: una botella, un puesto, una posición política o una oportunidad.

Durante años hemos visto cómo, en determinados gobiernos, atacar, criticar o acercarse al poder podía convertirse incluso en una vía para conseguir una posición más alta que la de muchos dirigentes que habían trabajado durante años.

Pero algo está cambiando.

La generación del ruido está comenzando a romper con determinadas formas tradicionales de hacer política y de comunicarse con la sociedad.

Y ahí aparece Santiago Matías, Alofoke.

Yo no veo a Santiago Matías simplemente como un muchacho que hace ruido en las redes. Tampoco creo que todo se pueda explicar diciendo que es loco, vulgar o irreverente. No. Creo que hay que analizarlo desde otra perspectiva.

Santiago Matías entendió algo que muchos no habían entendido: qué quiere escuchar, qué quiere ver y qué quiere consumir una parte importante de la sociedad dominicana.

Él entendió que muchas personas dicen una cosa en público y otra en su casa. Que tienen una manera de comportarse frente a la sociedad y otra cuando nadie las está mirando.

Y él hizo algo diferente: llevó a las redes aquello que muchas personas decían o hacían en privado.

Ahí está parte de su éxito.

Puede ser decente, puede ser vulgar, puede gustarle a unos y disgustarle a otros, pero ha demostrado que su manera de comunicarse funciona. Y no podemos decir que solamente lo siguen personas que no tienen estudios.

Lo siguen profesionales. Lo siguen personas con años de experiencia. Lo siguen personas de diferentes sectores sociales. Porque el fenómeno de Santiago Matías no se limita a la educación de quien lo consume.

Es un fenómeno de sociedad.

Por eso también considero equivocada la idea de que todo el que sigue a Santiago Matías es ignorante o que todo el que lo escucha carece de formación. No. Hay personas preparadas que también lo siguen porque entienden que él representa una forma diferente de comunicación y de influencia.

Ahora bien, una cosa es influenciar y otra cosa es gobernar.

Ahí está la verdadera discusión.

Hoy muchas personas se preguntan si Santiago Matías será presidente, si va a entrar a la política o si realmente tiene condiciones para dirigir los destinos de la República Dominicana.

Yo creo que nadie puede responder eso todavía.

El tiempo será quien diga si tiene o no las condiciones.

Porque tener influencia no significa necesariamente saber gobernar. Tener millones de personas escuchándote no significa automáticamente saber administrar un Estado. Y tener capacidad para construir proyectos tampoco significa que una persona pueda manejar por sí sola las complejidades económicas, sociales e institucionales de un país.

Pero tampoco debemos cometer el error contrario: pensar que porque una persona viene de un mundo diferente al de la política tradicional no puede hacerlo.

Si algún día Santiago Matías decide entrar seriamente a la política, tendrá que rodearse de buenas personas. De buenos economistas, buenos juristas, buenos profesionales de las diferentes áreas, personas con experiencia social y, sobre todo, personas capaces de decirle la verdad.

Porque ningún presidente gobierna solo.

Un presidente gobierna con su gabinete, con sus funcionarios, con sus asesores y con las instituciones. El presidente debe estar informado, debe escuchar y debe tomar decisiones. Pero también debe saber reconocer que no lo sabe todo.

Y hay algo todavía más importante: el manejo del ego.

El poder puede tocar la puerta de cualquier persona. Pero cuando llega, no puede hacerte creer que eres más que los demás.

Si algún día alguien llega a la Presidencia de la República, debe entender que el país no es suyo.

Va a administrar temporalmente los destinos de una nación.

Puede durar cuatro años, puede durar ocho, puede recibir aplausos y puede recibir críticas. Pero llegará el momento en que tendrá que entregar el poder, como lo han hecho todos los demás.

Y si no da la talla, se irá como todos.

Por eso no creo que la discusión deba ser simplemente si Santiago Matías es loco o no. Yo no lo veo así.

Una persona que ha conseguido construir una plataforma de comunicación tan poderosa, que ha creado proyectos, empresas y una influencia social tan grande, evidentemente ha entendido algo que funciona.

Ahora falta saber si esa capacidad puede trasladarse a un escenario completamente diferente.

Porque gobernar no es hacer un programa.

Gobernar no es tener una plataforma digital.

Gobernar es tomar decisiones que afectan la vida de millones de personas.

Y ahí es donde comienza otra historia.

También debemos entender que la política tradicional no va a desaparecer de la noche a la mañana. En cualquier proyecto político moderno seguirán existiendo personas de la política tradicional.

Lo que probablemente veremos será una mezcla: lo tradicional con lo moderno; la experiencia política con las redes; el político de carrera con el influencer; el discurso institucional con el lenguaje directo que exige la sociedad actual.

Porque la sociedad ya no está buscando necesariamente al candidato perfecto.

Está buscando a alguien humano.

Alguien que hable claro.

Alguien que pueda decir: esto es así.

La gente está cansada de escuchar permanentemente el “sí, sí, sí” y el discurso perfectamente preparado. Quiere una persona que pueda hablarle de frente, con claridad, con modales y con buen gusto, pero sin aparentar ser algo que no es.

Eso también lo hemos visto en nuestra historia política.

En 1996, Leonel Fernández representaba una forma de hacer política donde la palabra, el discurso y la formación tenían un peso importante. En el año 2000, Hipólito Mejía representó otra forma de comunicación: más popular, más directa, más cercana a la gente.

En aquel momento apareció el fenómeno de “Papá llegó, Papá”.

Pero el tiempo también demostró que un fenómeno electoral no garantiza por sí solo un buen gobierno. Cada cosa tiene su momento. Cada sociedad tiene sus expectativas y cada gobierno tiene que ser juzgado por sus resultados.

Por eso creo que la generación del ruido no necesariamente es buena ni mala.

Es simplemente lo que estamos viviendo.

A veces el ruido tiene contenido.

A veces viene vacío.

A veces informa.

A veces entretiene.

A veces destruye.

Pero, sobre todo, vende.

Y mientras la sociedad siga consumiéndolo, el ruido seguirá creciendo.

Quizás la gran pregunta no sea si Santiago Matías representa el futuro de la política dominicana.

Quizás la verdadera pregunta sea otra:

¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo y qué tipo de liderazgo va a exigir esa sociedad mañana?

Porque la generación del ruido ya está aquí.

Y todavía no sabemos hasta dónde llegará.

Por: Luis Alberto García